martes, 28 de octubre de 2014

La Liebre, la Tortuga y Yo


La Liebre perdió.
 
La Tortuga ganó.
 
La Liebre es mejor que la Tortuga.
 
De 100 carreras, la Liebre habría perdido sólo una: la primera. ¿Por qué se ríen los animales de la Liebre? ¿Porque la derrotó el animal más lento del bosque o porque hasta el animal más lento del bosque es más rápido que ella?
La Tortuga perseveró hasta llegar al final, nunca se rindió ni aflojó el paso, confió en el error del otro para lograr su éxito, aprovechó la personalidad soberbia de la Liebre para tomar ventaja en una carrera en la que claramente debió ser superada, pero al final salió victoriosa.
Soy un ser de paz y luz que nunca ha tirado un golpe ni en defensa propia, pero sé que puedo noquear a un hombre de 120 KG y 1.90 M. No creo en milagros, sencillamente creo que si él ha tomado más de la cuenta y yo no, hay una clara ventaja. En condiciones normales, nunca.
Esopo nos dio a una liebre más apta, más veloz, más capaz y a una tortuga muy astuta. Nos dio una pelea entre un ebrio gigante y un enano sobrio con un palo.
Es injusta, la moraleja no es cierta, en una carrera de velocidad gana el más veloz; en una carrera de paciencia gana el más paciente; en la vida gana quien vive mejor.
Yo corrí esa carrera; tristemente no fui relevante y al final la débil memoria de los testigos me borró de la fábula. Yo también competí, pero llegué en tercer lugar.
Cuando vi a ambos animales en la salida, decidí participar también: La Liebre, la Tortuga y Yo, así se llamaba la carrera.
Al sonar el disparo yo comencé a caminar, nadie me explicó de qué se trataba. Perdí a la Liebre de vista por más que le grité que se detuviera, que iba muy rápido, pero no escuchó. Caminé a mi ritmo, que era más veloz que el de la Tortuga, pero la esperaba para poder platicar con ella. La Tortuga estaba obsesionada con no distraerse y seguir avanzando tan rápido como sus cortas patas podían; era una imagen divertidísima… los primeros 15 minutos. Después de no recibir respuesta, la dejé atrás.
Aún no sabía bien de qué iba esta carrera, yo seguía caminando, pero el camino lleno de polvo me pareció muy precario. No me gusta la tierra en mis zapatos. Caminé al lado de la vereda, sobre el pasto suave. Algunos animales que sabían de la carrera me gritaban que regresara al camino polvoso y me decían que iba mal, pero yo no iba mal; iba cómodo.
Resulta que rodear el camino te lleva más tiempo del esperado.
Mientras deambulaba hacia la meta me encontré a la liebre dormida plácidamente en el prado; no sé cuánto tiempo tenía descansando, pero se veía tan apacible que decidí unirme a ella.
Cuando desperté, ya no estaba, no se había molestado en despertarme, quizá no me había visto. Continué mi camino, esta vez por la tierra, porque anochecería pronto y mi celular tenía poca batería.
Después de un trayecto no muy largo vi la meta. Aún quedaban algunos animales que hablaban con una exhausta tortuga. Vi a la Liebre, era la única que no festejaba. Cuando me vieron, todos se burlaron de mí por algo que sigo sin entender, ¿tenía que llegar primero? ¿Por qué no me explicaron que era una carrera contra el tiempo? La Liebre es evidentemente más veloz que todos. – “Pero ganó la tortuga”, me dijo el estúpido Puercoespín. ¡Claro que ganó la Tortuga! Nunca se detuvo ni a tomar agua, pero la Liebre es la más rápida, eso ya lo sabía y no se necesitaba una carrera para demostrarlo.
Entonces tuve una epifanía mientras veía a la Tortuga deshidratada tratando de caminar con sus patas hinchadas y llenas de ampollas hacia su casa, que por cierto, estaba cerca de la línea de salida:
Ninguno estaba corriendo la misma carrera.
En la vida, nadie está corriendo la misma carrera.
Me ganó una tortuga idiota una carrera de velocidad.
Pero regresando a la primera, yo estaba caminando pensando que la idea era convivir; la Liebre quería ganar ridiculizándonos, demostrando que con todo y una siesta era más veloz que nosotros y la Tortuga quería probar que no era necesario ser el más apto, sólo el más decidido.
En el podio había un feliz ganador, un frustrado segundo lugar y un confundido –y aburrido- tercer lugar.
Yo disfruté el paseo. La Liebre disfrutó por algún momento el dejar atrás a la competencia y tirarse a descansar. La Tortuga disfrutó la recompensa de su esfuerzo.
Tengo la idea de que en la vida, como en esa carrera, todos somos ganadores… es broma. Todos somos perdedores. Todos elegimos carreras en las que no hay manera de vencer y en ocasiones olvidamos que no estamos diseñados de la misma forma, que no salimos de la misma línea, que no escuchamos el disparo al mismo tiempo, que no es la misma ruta y que no vamos en la misma compañía.
En mis siguientes carreras decidí seguir caminando, después de unos metros, trotar, rebasar a algunos amigos y luego esperarlos, alguno se echaría a correr y yo detrás para alcanzarlo; iríamos por rumbos diferentes; tendría que regresar y nadie me estaría esperando. No pasa nada, adelante siempre habrá algo más.
Hubieron ocasiones en las que me volví a topar con la Liebre y la Tortuga, seguían sin hablarse y no siempre me reconocían. La Liebre corría a veces más rápido y otras más lento, pero se veía contenta; la Tortuga, en cambio, tuvo que vivir a la altura de su pasado y nunca se detuvo –por sí misma. Fue triste verla parar, pero aún tenía colgada su medalla de primer lugar. Que la entierren con ella, yo voy a salirme para ver el futbol.

jueves, 23 de octubre de 2014

La ciencia de la clasificación femenina

No sólo de clasificaciones útiles para mujeres vive la falsa doctrina; junto a un grupo de selectos Cardenales se embarcó en la tarea de observar también a un amplio universo de mujeres a lo largo de décadas que trajo como resultado la elaboración de una guía muy sencilla de clasificación del género –según el sexo opuesto.

En esta ocasión dejamos de lado el dogma para verternos de lleno en la ciencia.

Se refuta la premisa de que nadie entiende a las mujeres para dejar demostrado con una simplicidad divina que si partimos de la identificación del objetivo al que sirven en la vida de los hombres, la mitad del camino está andada.

Al igual que en “Todos los hombres son iguales”, esto no es un ensayo sino la presentación de un estudio, por lo que su análisis final dependerá de ti, lector o lectriz, así como el valor secular que desees darle.


Me limitaré a explicar las categorías y criterios del esquema que comprende a todas las mujeres [sí, a todas] y el resto es suyo:


En el eje de la X (abajo) se localiza de izquierda a derecha, el nivel de belleza física del sujeto de estudio, iniciando en aquella que consideremos menos atractiva y terminando por aquélla que nos roba el aliento.

En tanto que en el eje de la Y (izquierda) se encuentra el grado de estabilidad emocional, iniciando en el punto más sano, compatible, armónico, ordenado, funcional, pacífico, etcétera en el que se encuentra una mujer “perfecta” y termina en el extremo contrario, donde dormir con un ojo abierto es un requisito; o por lo menos, así indica la percepción.

Con las posibles combinaciones de ambos ejes, se construyen tipos de mujeres según el objetivo del observador. Esto último es importante porque el “apetito” de riesgo es diferente en cada hombre e incluso, diferente para el mismo hombre en diferente momento de su vida o de la misma noche:
  • NO GO.- Su belleza (carente) no justifica o eclipsa su nivel de estabilidad emocional. No. Nunca.
  • Danger!- Sus ojos dicen: “¡Intentémoslo!”, pero también dicen: “Te veré dormir toda la noche y mi recámara tendrá imágenes tuyas, nuestras y de nuestros hijos nonatos”… ¿Vale la pena el riesgo? El futuro te lo dirá [o yo te lo puedo decir desde ahora: NO].
  • Fun.- Combinación ideal entre belleza e inestabilidad para horas y horas de sana –o como sea que te guste– diversión. No la llevarías a una boda precisamente porque te recuerda las razones correctas para no tomar esa decisión, bueno, y porque no es tan guapa como para tener una foto de ella junto a tus amigos y familiares.
  • Dude.- Es una lástima que no parezca mujer, porque es tan compatible contigo que si tan solo no le saliera más bigote que a ti, no dudarías en entregarle tu amor. En lugar de eso, decides entregarle tu amistad esperando que en retribución te entregue a una de sus amigas que sí son bonitas.
  • Date.- Guapa, muy guapa. Loca, muy loca. Estirarás la liga de su relación hasta que se reviente, como el plato que te lanza cuando pelean.
  • Girlfriend.- Guapa, muy guapa. Loca… pero puedes vivir con eso; porque la verdad, es muy guapa y algún defecto tenía que tener. Una más equilibrada, pero igual de bella, difícilmente aparecerá por tu camino. Al final, tal vez preferirás arriesgarte a ver qué te depara el destino.
  • Wife.- Tan bella como quisiste, nunca tan equilibrada como crees que te mereces, de todas maneras, en retrospectiva, no se pondrá mejor que esto. “Ahí te va el anillo de compromiso porque le hablas a tu coche para que arranque, pero eres toda para mí”.
  • Unicorn.- Nunca sabrás exactamente cómo lograste conseguir a la mejor mujer del mundo, nadie a tu alrededor lo sabrá tampoco; será el destino, será una mala ruptura antes que tú, será tu yate o tal vez un poco de todo, pero llegó a ti esa mujer cuya locura hasta “tierna” se te hace, pero cuando la ves antes de salir a una fiesta, te cierras el ojo en tu mente.
  • Friend.- Tal vez la zona más triste de todo el cuadrante. Es la mujer más hermosa que has visto en tu vida, flota cuando camina, trina cuando habla, deslumbra cuando sonríe, derrite cuando con su personalidad apacible te habla; asesina a sangre fría cuando sólo te llama y te llamará por siempre: Amigo.

¿Encontraste a tu pareja o sigues pensando en la que dejaste ir?


lunes, 13 de octubre de 2014

Salvemos al mundo

 
Es el tiempo de salvar algo. O es la moda del tiempo de salvar algo.
Salven a las ballenas, las tortugas, los coyotes, los bosques, la selva, el aire. En un desplante de fuerza magnánima y consciencia natural, estamos en el momento de salvar todo. Salvar al planeta.
Incluso yo, desde hace unos años humildemente me afilié a Greenpeace para lavar mi culpa histórica de desprecio por todo lo que no sea hombre. Sí, estoy salvando al planeta.
Soy de ese selecto grupo de personas que pretenciosamente cree que por un donativo mensual está haciendo una diferencia en la Tierra.
 
¿Pero por qué pretencioso? Bueno, porque somos una especie tan arrogante que cree que en más o menos 200 años de vida industrial puede amenazar la supervivencia de un lugar que ha existido por los últimos cuatro mil millones de años. ¿Tienen idea de lo que le ha pasado a la Tierra en ese tiempo?
Meteoritos, terremotos, erupciones volcánicas, choques de placas tectónicas, deshielos, cambios de polaridad de los ejes, etcétera; y nosotros creemos que unas bolsas de plástico y unas latas van a terminar con ella. El planeta está bien, no tiene nada, nosotros somos los que estamos mal. Es un sistema que se autocorrige, elimina sus plagas y se adapta a los cambios que va sufriendo, reinventando paradigmas y creando nuevas reglas.
¡Salvemos al mundo, a los bosques, las selvas, los animales en peligro de extinción!… creemos que lo mejor que podemos hacer por los animales es intervenir para ayudarlos, ¡no nos debimos de haber metido la primera vez con ellos! ¿Por qué habríamos de podernos meter una segunda vez y resarcir el daño? Pero es nuestro orgullo el que nos dice que nosotros podemos ser salvadores y verdugos de nuestro entorno. Bueno, pues sorpresa, en un día se pueden perder hasta 25 especies. Nosotros no somos responsables de todas ellas, de hecho, no somos responsables de prácticamente ninguna, pero las queremos cuidar. El 90% de las especies que han existido, ya no están.
Queremos cuidar y proteger al planeta cuando no podemos cuidarnos ni a nosotros mismos, cuando no podemos protegernos de nuestra misma especie y queremos salvar al mundo.
El mundo se está cansando de mandarnos el mismo mensaje: “No necesito su ayuda”.
¿Creen que después de los terremotos en México, Chile o Japón la Tierra se sintió amenazada por el hombre? Los que se murieron fuimos nosotros; somos una plaga temporal, tan frágiles que incluso sin intervención de la naturaleza nos estamos destruyendo.
Basta con pensar en un virus para recordar que algo tan pequeño puede acabar con millones de vidas.
¿De verdad mi carro mal afinado hace más daño que un tsunami en la India?
No estoy dando permiso para tirar basura en la calle y que no nos importe, pero guardemos la debida dimensión de las cosas. Sí, somos un gran problema enfrentando a otro, pero en lugar de preocuparnos por salvar lo que no podemos salvar, deberíamos estar enfocados en arreglar lo que sí tiene arreglo, como nosotros mismos.
Comparado con nuestra especie, el planeta está muy bien.
Aprovechemos mejor este corto tiempo que estaremos aquí, no preocupándonos por cómo salvar –pongan su mano en su pecho– nuestro hogar, sino por cómo ya no romper nada más. Llevamos 200 años “destruyendo” un lugar que sólo necesitaría otros 200 años para borrar cualquier evidencia de que alguna vez fuimos una “amenaza”.

viernes, 3 de octubre de 2014

Todos los hombres son iguales

Ante el edicto de que una mujer siempre tiende a encontrarse con hombres esencialmente similares, me gustaría, mediante un análisis teórico exhaustivo, responder: “¡De ninguna manera!”; y rebatir: Si a todos los estás encontrando iguales, ¿dónde estás buscando?

Tampoco diré que todos somos muy diferentes, de hecho, como célibe admirador de la condición humana, he podido clasificar a los hombres en categorías, dependiendo de lo que ELLAS están buscando.

Son categorías muy simples, pero ejemplifican con eficiencia el sentimiento que evocan:
  1.  Siempre pasa aunque sea una sola vez, caes con él. Tiene una característica que en combinación con otras, no sería mala, pero exagerada y en solitario es intolerable.
  2.  Para un rato no está mal, pero no es la persona con quien pasarías el resto de tus días, ni siquiera con quien pasarías mucho tiempo en algún círculo cercano.
  3. Sí lo presento a algún grupo de amigos, quizá hasta familia. Está para una relación a largo plazo y en una de ésas, puede ser si no pasa algo mejor.
  4. Me caso porque encontrar a otro así, está difícil. Ya has pasado por las anteriores categorías varias veces, ni una más… probablemente.
  5.  ¿No será gay? Porque de esos no hay. Bueno, no me importa que sea gay, es perfecto y no se le nota.

 


Esto no pretende ser un ensayo, así que explicaré brevemente el Venn del Hombre y ocúpense de situar a su pareja, enamorado, amor platónico, amante, etc., o a ustedes mismos:

¿Han conocido a una persona que es un patán; no piensa en su familia o en formar una propia; es vicioso (alcohol, deportes, mujeres…); no tiene un peso partido por la mitad o potencial económico, pero es hipnóticamente guapo y atlético? Ahí tienen a su “Hot” en la categoría “Siempre pasa”.

Es tremendamente feo, no le interesa tener familia, es muy borracho, pero me trata como a una princesa y tiene todo el dinero del mundo… es un “Para un rato” que combina la Caballerosidad con el Potencial Económico.

“Quiere tener familia y me encanta cómo es con sus papás, me trata muy bien, además ni toma, ni le gusta el futbol”; pero es feo como un perro y no tiene nada de dinero. Bienvenida a “Sí lo presento”. Caballeroso, Familiar, con Hobbies o Vicios controlados. Nada más, nada menos.

Mismo caso que el de arriba, pero tiene dinero: “¡Mi dedo es número 6! Ya sé que parece perro, pero me ladra tan lindo que se lo perdono”. Y se lo perdonarás toda la vida hasta que…

¡Además es un Adonis! ¿Pensaste que no existía? Tal vez. Puede sonar a que son unicornios. Si lo encuentras, cázalo porque son de edición limitada. Los hombres y mujeres envidiosos dirán: “Seguro ha de ser gay” o “Ha de tener algo pequeño”, -incluso un: “A mí no me gustan más bonitos que yo”… pero por dentro lo saben, en el juego de la vida te apareció un “Game Over. You Won!” y el resto de tus días te dedicarás a sumar puntos extras por el puro gusto de superar tu propio récord.


¿Ya te ubicaste? ¡A reventar relaciones se ha dicho!