miércoles, 24 de diciembre de 2014

Vino blanco en el Sol

Y por fin llegó la Navidad. Cree lo que quieras y en quien quieras, pero se respira un aire distinto; la gente es menos violenta y hay menos tránsito.

De todo lo que escucho de la época, me quedo con esto y lo comparto casi con alegría:

"Realmente me gusta la Navidad
Es sentimental, lo sé, pero realmente me gusta
Difícilmente me considero religioso
Prefiero partir pan con Dawkins que con Desmond Tutu, para ser honesto

Y sí, tengo las objeciones comunes
Al consumismo y comercialización de una religión antigua
A la occidentalización de un palestino muerto
Presionado para vender Playstations y refresco de cola
Pero realmente me gusta

Espero que ya sea Navidad
Aunque no estoy esperando la visita de Jesús

Veré a mi papá
A mi hermana, mi hermano, mi abuela y mamá
Estarán bebiendo vino blanco en el Sol

No creo en sabiduría antigua
No creo que porque las ideas son tenaces y viejas son valiosas
Me asustan las iglesias
Algunos de los himnos que cantan tienen acordes lindos, pero las letras dan miedo

Y sí, tengo las objeciones comunes
A la mala educación a niños que, en instituciones exentas de impuestos
Son enseñados a externar la culpa
A sentirse avergonzados y a juzgar las cosas sólo como buenas o malas
Pero me gustan las canciones

No estoy esperando grandes regalos
La vieja combinación de calcetines, calzones y chocolates está bien por mí

Porque veré a mi papá
A mi hermana, mi hermano, mi abuela y mamá
Estarán bebiendo vino blanco en el Sol

Y tú, mi hijo
Mi ajetreado pequeño hijo
Te pasarán de manos en manos por todo el cuarto
Como un cachorro en una guardería
Y tú no entenderás
Pero algún día sabrás
Que donde quiera que estés y como resultes ser
Ésta es la gente que te hará sentir seguro en el mundo
Mi pequeño de ojos grandes

Y pequeño hijo
Cuando tengas 21 o 31
Y se acerque Navidad
Y te encuentres a miles de kilómetros de casa
Sabrás que pase lo que pase

Tu hermano, tu mamá y yo
Te estaremos esperando en el Sol
Cuando sea que vengas
Tu hermano, tus tías, tus tíos
Tus abuelos, tus primos, tu mamá y yo
Te estaremos esperando en el Sol
Bebiendo vino blanco en el Sol
Cariño, cuando llegue Navidad
Te estaremos esperando en el Sol
Bebiendo vino blanco en el Sol
Esperando por ti en el Sol
Esperando por ti
Esperando…

Realmente me gusta la Navidad
Es sentimental, lo sé…"

-Tim Minchin


Más de mil visitas en lo poco que llevo como Papa Yaso II en este mundo, gracias.


martes, 9 de diciembre de 2014

La Curva de Hugo Sánchez -

Mi Papamóvil no circula los viernes.

El viernes pasado me subí a un taxi para ir al Monte y me encontré con uno de esos taxistas que les encanta recordar sus glorias pasadas; no pude decir más de dos palabras, así que me limité a escuchar de sus estudios, su vida profesional como contador en una instancia pública en donde ganaba bien y cómo después de varios recortes de personal, por fin le tocó su "licuado" y compró su taxi.

Mientras hablaba, yo no podía más que pensar en que él era Hugo Sánchez.

¿Que quién es Hugo Sánchez? Fácil: El mejor futbolista mexicano que ha existido. Alguien que estuvo en los mejores y en los peores equipos de futbol durante su ilustre carrera.

¿Los peores equipos? Aquí es justo donde su vida se vuelve una teoría:

Hugo empezó donde un gran jugador debe iniciar, en las fuerzas básicas de un equipo en el tercer mundo. En este caso, los Pumas de la UNAM.

No me voy a referir a sus logros, popularidad, personalidad, carisma, capacidad, etcétera. Hablaré de él como un profesional que presta sus servicios, como muchos de ustedes que necesitan trabajar para comer.

Hugo inició su trayectoria en un equipo modesto, en donde tenía un sueldo modesto acorde a su currículum, entonces modesto. Conforme su potencial fue desarrollándose, subió peldaños dentro del equipo hasta tener una posición de respeto y un sueldo igualmente respetable. Ahí fue en donde la curva despegó. Su precio, avalado por su aportación en la cancha dio un salto que alcanzó para que llegara a otro continente, uno mejor (futbolístico); su sueldo y currículum también dio un salto y ahora ningún equipo de su natal México podía cubrirlo. En España cambió de un equipo mediano a uno de los mejores del mundo; ahora no sólo en México era inasequible; era un producto premium al que sólo los más adinerados tendrían acceso y aún así, sólo se limitaron a desearlo.

Sus resultados lo hicieron un histórico para España, Europa y México, pero nada es para siempre y la edad comenzó a hacer estragos en sus resultados, regresándolo a equipos de menor monta en México hasta su feliz y millonario retiro.

La Curva de Hugo Sánchez, en menor medida, es la curva en la que todos se encuentran montados. Al principio de sus vidas profesionales son, básicamente, baratos e inexpertos; pero conforme avanzan, su carta se va haciendo más valiosa* hasta que quien los debutó no los puede retener. Poco a poco adquirirán más experiencia hasta que la ambición disminuya con la edad avanzada y la proximidad al retiro que ningún empleador querrá absorber los envíe de vuelta a casa, con los pies cansados y la experiencia de haber jugado al mejor nivel posible.

 
Todos estarán en esa curva y, tristemente, su ascenso depende totalmente de ustedes, ¿en qué parte de la curva creen que van?

Yo, mientras tanto, pagaré el refrendo de mi microondas.

*Aplican restricciones

 



miércoles, 12 de noviembre de 2014

El pez muerto


Margarita era una niña feliz que siempre había tenido relaciones sanas con sus novios. Esta vez no parecía ser diferente y mientras el noviazgo duró, todo sonaba normal.

Cuando llegó la ruptura, se dio cuenta de que algo en ella había cambiado.

Margarita tenía un pez. Ella estaba acostumbrada a darle de comer y cambiar su agua con regularidad con la esperanza de que viviera muchos años.

Un buen día, el pez murió, pero Margarita le siguió dando de comer y cambiando su agua. A la distancia parecería que las cosas continúan igual; de lejos el pez no huele a muerto.

De cerca, la historia es diferente, todos le hacen la misma pregunta: “¿Por qué no te deshaces de él?”

La respuesta no es sencilla. Ella no quiere [de ninguna manera] que su pez reviva, pero tampoco le gusta la idea de ver su pecera vacía.

Llevaba tantos años llena de agua y vida que teme que al vaciarla se dé cuenta de la gran cantidad de mantenimiento que demandará dejarla lista para un nuevo pez.

El problema no es mantener al pez muerto ahí dentro, el problema real es que el pez por fuerza de recibir atención y “cariño” decida revivir.

El espíritu del pez de Margarita, mientras continúe viendo los cuidados que recibe después de muerto, asumirá que ella lo extraña tanto que lo quiere de regreso.

¡Qué desafortunada sería la vida de Margarita si su pez resucitara! El pez debe permanecer muerto, pero el riesgo de verlo nadar de nuevo es muy alto.

Por otro lado, no es lo único que puede pasar, ni lo más grave: Un día el pez muerto sencillamente se irá para siempre.

Al irse romperá la pecera. Pobrecita, para recibir un nuevo pez deberá arreglarla; eso implica un esfuerzo mayor que sólo limpiarla.

Margarita es alguien normal que tiene miedo de ver una pecera vacía.

No sabe que los otros peces no quieren vivir junto a un muerto.

¿Cuánto tiempo pasará, querida amiga, para que des ese jalón a la palanca y mandes tu pasado por el turbulento río al que pertenece?


¡Vacía ya esa pecera y prepárate para recibir una nueva vida en ella! Sólo así recordarás lo que se siente amar de nuevo.

sábado, 8 de noviembre de 2014

El Coche Chocado

Hace unos días inicié la búsqueda de mi propia versión de Papamóvil. En vista de que no cuento con los mismos recursos que otros papas, me di a la tarea de visitar varios lotes de autos usados esperando hallar el vehículo que habría de transportarme en sustitución de mi querido, pero sobreutilizado Papametro o el inseguro y mal conducido Papataxi.
 
Al término de varios días las opciones se habían reducido a dos: un modesto sedán café de modelo reciente con pocos kilómetros, excelente estado –ni feo, ni bonito– de esos autos que son fácilmente olvidables y que no llaman la atención; por otro lado, un lujoso deportivo amarillo con pocos kilómetros, mucho carácter y poder, pero un gran golpe en la puerta del copiloto.
 
El golpe en el deportivo no afectaba su desempeño, pero era un choque que necesitaría una compostura muy cara que claramente no había sido la prioridad del dueño anterior… ni lo sería para mí.

Ambos autos costaban lo mismo. Dos autos completamente diferentes valuados exactamente igual. Uno claramente superior al otro. Un coche chocado cuesta menos, aunque, fríamente, valga más.
Entonces, mientras decidía cuál rumbo tomar en la sala de espera del lote, recordé un par de experiencias que tuve hace algunos años y entendí.
Sentado en una banca de parque dando pan a las palomas, vi a una joven pareja. De primera impresión no parecía tener sentido por qué estaban juntos. Ella era una mujer alta, de cabello negro y tez muy blanca, con unos ojos azules espectaculares y de excelente figura; él era calvo, más bajo que ella, obeso y en general, poco estético.
Se acercaron a mí para hablar de cualquier cosa y ambos me parecieron muy agradables, ambos por igual; también se veían muy enamorados, pero algo no hacía sentido. Cruzamos palabras tan solo un par de minutos hasta que ella recibió una llamada, era su hija, la hija de ella, no de ellos. Ahí obtuve mi respuesta.
Tenía al conductor de un sedán café manejando un deportivo amarillo y no escapaba a la curiosidad de quienes veían esa imagen la duda de cómo él había conseguido a alguien tan fuera de su alcance; entonces, uno analizaría el deportivo y encontraría un gran golpe en la puerta. Ella era un coche chocado.
Tiempo después, también alimentando palomas, se me acercó una joven muy simpática. –No sé qué le sucede a la gente cuando estoy sentado aventando migajón al piso, pero aparentemente creen que tengo algo importante que decir. – Esta chica tenía una gran duda: no sabía por qué si era tan guapa, agradable, independiente, culta, abierta, etcétera; tenía tan pocos pretendientes que cumplieran con sus expectativas, de hecho, argumentaba que nunca había tenido un novio que cumpliera con todos sus requisitos imaginarios. Mi respuesta fue dura, pero ella supo que estaba llena de amor: “Eres gorda”.
Ahí está su choque. Era una chica fantástica, pero un hombre que aspire a una mujer con tanto potencial, seguramente tendría lo mismo que ofrecer. Una mujer soltera, exitosa, con tiempo libre que no cuida su cuerpo, no sólo tiene sobrepeso, envía un mensaje de indisciplina o falta de interés en su salud que para un hombre en busca de una familia, inconscientemente se torna un una alarma para no continuar y es poco atractivo. Ella es un auto que conduciría por un rato, pero no lo compraría.
En nuestra experiencia cuando encontramos parejas que en apariencia son desiguales hay gato encerrado, uno de ellos es un coche chocado. El golpe no es igual en todos, pero el efecto es el mismo, devalúa su expectativa, devalúa su autoestima, devalúa la percepción de lo que antes creía que merecía o bien, cambia la percepción de los demás. No significa que tener un hijo sea por sí mismo un choque o el sobrepeso te haga peor persona; significa que tu circunstancia cambia tus objetivos al buscar pareja o provoca a gente diferente a la que crees que deberías estar atrayendo.
Algunos choques los traen desde su nacimiento, algunos los adquieren por errores y otros fueron una elección consciente. En cualquier caso, el resultado es similar, terminan siendo vendidos a un conductor de sedán.
Los conductores harán todo lo posible por justificar y probar que son dignos de un deportivo, pero todos saben que uno sin golpe está fuera de su presupuesto.
Hay momentos en los que debemos evaluar el nivel de nuestros golpes, si es que consideramos tenerlos y también evaluar qué queremos con el presupuesto que tenemos asignado. En cualquier caso parece una elección subjetiva y que en cada persona es abismalmente diferente.
¿Compré el auto de mi nivel o un coche chocado? Tú, ¿qué escogiste?

martes, 28 de octubre de 2014

La Liebre, la Tortuga y Yo


La Liebre perdió.
 
La Tortuga ganó.
 
La Liebre es mejor que la Tortuga.
 
De 100 carreras, la Liebre habría perdido sólo una: la primera. ¿Por qué se ríen los animales de la Liebre? ¿Porque la derrotó el animal más lento del bosque o porque hasta el animal más lento del bosque es más rápido que ella?
La Tortuga perseveró hasta llegar al final, nunca se rindió ni aflojó el paso, confió en el error del otro para lograr su éxito, aprovechó la personalidad soberbia de la Liebre para tomar ventaja en una carrera en la que claramente debió ser superada, pero al final salió victoriosa.
Soy un ser de paz y luz que nunca ha tirado un golpe ni en defensa propia, pero sé que puedo noquear a un hombre de 120 KG y 1.90 M. No creo en milagros, sencillamente creo que si él ha tomado más de la cuenta y yo no, hay una clara ventaja. En condiciones normales, nunca.
Esopo nos dio a una liebre más apta, más veloz, más capaz y a una tortuga muy astuta. Nos dio una pelea entre un ebrio gigante y un enano sobrio con un palo.
Es injusta, la moraleja no es cierta, en una carrera de velocidad gana el más veloz; en una carrera de paciencia gana el más paciente; en la vida gana quien vive mejor.
Yo corrí esa carrera; tristemente no fui relevante y al final la débil memoria de los testigos me borró de la fábula. Yo también competí, pero llegué en tercer lugar.
Cuando vi a ambos animales en la salida, decidí participar también: La Liebre, la Tortuga y Yo, así se llamaba la carrera.
Al sonar el disparo yo comencé a caminar, nadie me explicó de qué se trataba. Perdí a la Liebre de vista por más que le grité que se detuviera, que iba muy rápido, pero no escuchó. Caminé a mi ritmo, que era más veloz que el de la Tortuga, pero la esperaba para poder platicar con ella. La Tortuga estaba obsesionada con no distraerse y seguir avanzando tan rápido como sus cortas patas podían; era una imagen divertidísima… los primeros 15 minutos. Después de no recibir respuesta, la dejé atrás.
Aún no sabía bien de qué iba esta carrera, yo seguía caminando, pero el camino lleno de polvo me pareció muy precario. No me gusta la tierra en mis zapatos. Caminé al lado de la vereda, sobre el pasto suave. Algunos animales que sabían de la carrera me gritaban que regresara al camino polvoso y me decían que iba mal, pero yo no iba mal; iba cómodo.
Resulta que rodear el camino te lleva más tiempo del esperado.
Mientras deambulaba hacia la meta me encontré a la liebre dormida plácidamente en el prado; no sé cuánto tiempo tenía descansando, pero se veía tan apacible que decidí unirme a ella.
Cuando desperté, ya no estaba, no se había molestado en despertarme, quizá no me había visto. Continué mi camino, esta vez por la tierra, porque anochecería pronto y mi celular tenía poca batería.
Después de un trayecto no muy largo vi la meta. Aún quedaban algunos animales que hablaban con una exhausta tortuga. Vi a la Liebre, era la única que no festejaba. Cuando me vieron, todos se burlaron de mí por algo que sigo sin entender, ¿tenía que llegar primero? ¿Por qué no me explicaron que era una carrera contra el tiempo? La Liebre es evidentemente más veloz que todos. – “Pero ganó la tortuga”, me dijo el estúpido Puercoespín. ¡Claro que ganó la Tortuga! Nunca se detuvo ni a tomar agua, pero la Liebre es la más rápida, eso ya lo sabía y no se necesitaba una carrera para demostrarlo.
Entonces tuve una epifanía mientras veía a la Tortuga deshidratada tratando de caminar con sus patas hinchadas y llenas de ampollas hacia su casa, que por cierto, estaba cerca de la línea de salida:
Ninguno estaba corriendo la misma carrera.
En la vida, nadie está corriendo la misma carrera.
Me ganó una tortuga idiota una carrera de velocidad.
Pero regresando a la primera, yo estaba caminando pensando que la idea era convivir; la Liebre quería ganar ridiculizándonos, demostrando que con todo y una siesta era más veloz que nosotros y la Tortuga quería probar que no era necesario ser el más apto, sólo el más decidido.
En el podio había un feliz ganador, un frustrado segundo lugar y un confundido –y aburrido- tercer lugar.
Yo disfruté el paseo. La Liebre disfrutó por algún momento el dejar atrás a la competencia y tirarse a descansar. La Tortuga disfrutó la recompensa de su esfuerzo.
Tengo la idea de que en la vida, como en esa carrera, todos somos ganadores… es broma. Todos somos perdedores. Todos elegimos carreras en las que no hay manera de vencer y en ocasiones olvidamos que no estamos diseñados de la misma forma, que no salimos de la misma línea, que no escuchamos el disparo al mismo tiempo, que no es la misma ruta y que no vamos en la misma compañía.
En mis siguientes carreras decidí seguir caminando, después de unos metros, trotar, rebasar a algunos amigos y luego esperarlos, alguno se echaría a correr y yo detrás para alcanzarlo; iríamos por rumbos diferentes; tendría que regresar y nadie me estaría esperando. No pasa nada, adelante siempre habrá algo más.
Hubieron ocasiones en las que me volví a topar con la Liebre y la Tortuga, seguían sin hablarse y no siempre me reconocían. La Liebre corría a veces más rápido y otras más lento, pero se veía contenta; la Tortuga, en cambio, tuvo que vivir a la altura de su pasado y nunca se detuvo –por sí misma. Fue triste verla parar, pero aún tenía colgada su medalla de primer lugar. Que la entierren con ella, yo voy a salirme para ver el futbol.

jueves, 23 de octubre de 2014

La ciencia de la clasificación femenina

No sólo de clasificaciones útiles para mujeres vive la falsa doctrina; junto a un grupo de selectos Cardenales se embarcó en la tarea de observar también a un amplio universo de mujeres a lo largo de décadas que trajo como resultado la elaboración de una guía muy sencilla de clasificación del género –según el sexo opuesto.

En esta ocasión dejamos de lado el dogma para verternos de lleno en la ciencia.

Se refuta la premisa de que nadie entiende a las mujeres para dejar demostrado con una simplicidad divina que si partimos de la identificación del objetivo al que sirven en la vida de los hombres, la mitad del camino está andada.

Al igual que en “Todos los hombres son iguales”, esto no es un ensayo sino la presentación de un estudio, por lo que su análisis final dependerá de ti, lector o lectriz, así como el valor secular que desees darle.


Me limitaré a explicar las categorías y criterios del esquema que comprende a todas las mujeres [sí, a todas] y el resto es suyo:


En el eje de la X (abajo) se localiza de izquierda a derecha, el nivel de belleza física del sujeto de estudio, iniciando en aquella que consideremos menos atractiva y terminando por aquélla que nos roba el aliento.

En tanto que en el eje de la Y (izquierda) se encuentra el grado de estabilidad emocional, iniciando en el punto más sano, compatible, armónico, ordenado, funcional, pacífico, etcétera en el que se encuentra una mujer “perfecta” y termina en el extremo contrario, donde dormir con un ojo abierto es un requisito; o por lo menos, así indica la percepción.

Con las posibles combinaciones de ambos ejes, se construyen tipos de mujeres según el objetivo del observador. Esto último es importante porque el “apetito” de riesgo es diferente en cada hombre e incluso, diferente para el mismo hombre en diferente momento de su vida o de la misma noche:
  • NO GO.- Su belleza (carente) no justifica o eclipsa su nivel de estabilidad emocional. No. Nunca.
  • Danger!- Sus ojos dicen: “¡Intentémoslo!”, pero también dicen: “Te veré dormir toda la noche y mi recámara tendrá imágenes tuyas, nuestras y de nuestros hijos nonatos”… ¿Vale la pena el riesgo? El futuro te lo dirá [o yo te lo puedo decir desde ahora: NO].
  • Fun.- Combinación ideal entre belleza e inestabilidad para horas y horas de sana –o como sea que te guste– diversión. No la llevarías a una boda precisamente porque te recuerda las razones correctas para no tomar esa decisión, bueno, y porque no es tan guapa como para tener una foto de ella junto a tus amigos y familiares.
  • Dude.- Es una lástima que no parezca mujer, porque es tan compatible contigo que si tan solo no le saliera más bigote que a ti, no dudarías en entregarle tu amor. En lugar de eso, decides entregarle tu amistad esperando que en retribución te entregue a una de sus amigas que sí son bonitas.
  • Date.- Guapa, muy guapa. Loca, muy loca. Estirarás la liga de su relación hasta que se reviente, como el plato que te lanza cuando pelean.
  • Girlfriend.- Guapa, muy guapa. Loca… pero puedes vivir con eso; porque la verdad, es muy guapa y algún defecto tenía que tener. Una más equilibrada, pero igual de bella, difícilmente aparecerá por tu camino. Al final, tal vez preferirás arriesgarte a ver qué te depara el destino.
  • Wife.- Tan bella como quisiste, nunca tan equilibrada como crees que te mereces, de todas maneras, en retrospectiva, no se pondrá mejor que esto. “Ahí te va el anillo de compromiso porque le hablas a tu coche para que arranque, pero eres toda para mí”.
  • Unicorn.- Nunca sabrás exactamente cómo lograste conseguir a la mejor mujer del mundo, nadie a tu alrededor lo sabrá tampoco; será el destino, será una mala ruptura antes que tú, será tu yate o tal vez un poco de todo, pero llegó a ti esa mujer cuya locura hasta “tierna” se te hace, pero cuando la ves antes de salir a una fiesta, te cierras el ojo en tu mente.
  • Friend.- Tal vez la zona más triste de todo el cuadrante. Es la mujer más hermosa que has visto en tu vida, flota cuando camina, trina cuando habla, deslumbra cuando sonríe, derrite cuando con su personalidad apacible te habla; asesina a sangre fría cuando sólo te llama y te llamará por siempre: Amigo.

¿Encontraste a tu pareja o sigues pensando en la que dejaste ir?


lunes, 13 de octubre de 2014

Salvemos al mundo

 
Es el tiempo de salvar algo. O es la moda del tiempo de salvar algo.
Salven a las ballenas, las tortugas, los coyotes, los bosques, la selva, el aire. En un desplante de fuerza magnánima y consciencia natural, estamos en el momento de salvar todo. Salvar al planeta.
Incluso yo, desde hace unos años humildemente me afilié a Greenpeace para lavar mi culpa histórica de desprecio por todo lo que no sea hombre. Sí, estoy salvando al planeta.
Soy de ese selecto grupo de personas que pretenciosamente cree que por un donativo mensual está haciendo una diferencia en la Tierra.
 
¿Pero por qué pretencioso? Bueno, porque somos una especie tan arrogante que cree que en más o menos 200 años de vida industrial puede amenazar la supervivencia de un lugar que ha existido por los últimos cuatro mil millones de años. ¿Tienen idea de lo que le ha pasado a la Tierra en ese tiempo?
Meteoritos, terremotos, erupciones volcánicas, choques de placas tectónicas, deshielos, cambios de polaridad de los ejes, etcétera; y nosotros creemos que unas bolsas de plástico y unas latas van a terminar con ella. El planeta está bien, no tiene nada, nosotros somos los que estamos mal. Es un sistema que se autocorrige, elimina sus plagas y se adapta a los cambios que va sufriendo, reinventando paradigmas y creando nuevas reglas.
¡Salvemos al mundo, a los bosques, las selvas, los animales en peligro de extinción!… creemos que lo mejor que podemos hacer por los animales es intervenir para ayudarlos, ¡no nos debimos de haber metido la primera vez con ellos! ¿Por qué habríamos de podernos meter una segunda vez y resarcir el daño? Pero es nuestro orgullo el que nos dice que nosotros podemos ser salvadores y verdugos de nuestro entorno. Bueno, pues sorpresa, en un día se pueden perder hasta 25 especies. Nosotros no somos responsables de todas ellas, de hecho, no somos responsables de prácticamente ninguna, pero las queremos cuidar. El 90% de las especies que han existido, ya no están.
Queremos cuidar y proteger al planeta cuando no podemos cuidarnos ni a nosotros mismos, cuando no podemos protegernos de nuestra misma especie y queremos salvar al mundo.
El mundo se está cansando de mandarnos el mismo mensaje: “No necesito su ayuda”.
¿Creen que después de los terremotos en México, Chile o Japón la Tierra se sintió amenazada por el hombre? Los que se murieron fuimos nosotros; somos una plaga temporal, tan frágiles que incluso sin intervención de la naturaleza nos estamos destruyendo.
Basta con pensar en un virus para recordar que algo tan pequeño puede acabar con millones de vidas.
¿De verdad mi carro mal afinado hace más daño que un tsunami en la India?
No estoy dando permiso para tirar basura en la calle y que no nos importe, pero guardemos la debida dimensión de las cosas. Sí, somos un gran problema enfrentando a otro, pero en lugar de preocuparnos por salvar lo que no podemos salvar, deberíamos estar enfocados en arreglar lo que sí tiene arreglo, como nosotros mismos.
Comparado con nuestra especie, el planeta está muy bien.
Aprovechemos mejor este corto tiempo que estaremos aquí, no preocupándonos por cómo salvar –pongan su mano en su pecho– nuestro hogar, sino por cómo ya no romper nada más. Llevamos 200 años “destruyendo” un lugar que sólo necesitaría otros 200 años para borrar cualquier evidencia de que alguna vez fuimos una “amenaza”.

viernes, 3 de octubre de 2014

Todos los hombres son iguales

Ante el edicto de que una mujer siempre tiende a encontrarse con hombres esencialmente similares, me gustaría, mediante un análisis teórico exhaustivo, responder: “¡De ninguna manera!”; y rebatir: Si a todos los estás encontrando iguales, ¿dónde estás buscando?

Tampoco diré que todos somos muy diferentes, de hecho, como célibe admirador de la condición humana, he podido clasificar a los hombres en categorías, dependiendo de lo que ELLAS están buscando.

Son categorías muy simples, pero ejemplifican con eficiencia el sentimiento que evocan:
  1.  Siempre pasa aunque sea una sola vez, caes con él. Tiene una característica que en combinación con otras, no sería mala, pero exagerada y en solitario es intolerable.
  2.  Para un rato no está mal, pero no es la persona con quien pasarías el resto de tus días, ni siquiera con quien pasarías mucho tiempo en algún círculo cercano.
  3. Sí lo presento a algún grupo de amigos, quizá hasta familia. Está para una relación a largo plazo y en una de ésas, puede ser si no pasa algo mejor.
  4. Me caso porque encontrar a otro así, está difícil. Ya has pasado por las anteriores categorías varias veces, ni una más… probablemente.
  5.  ¿No será gay? Porque de esos no hay. Bueno, no me importa que sea gay, es perfecto y no se le nota.

 


Esto no pretende ser un ensayo, así que explicaré brevemente el Venn del Hombre y ocúpense de situar a su pareja, enamorado, amor platónico, amante, etc., o a ustedes mismos:

¿Han conocido a una persona que es un patán; no piensa en su familia o en formar una propia; es vicioso (alcohol, deportes, mujeres…); no tiene un peso partido por la mitad o potencial económico, pero es hipnóticamente guapo y atlético? Ahí tienen a su “Hot” en la categoría “Siempre pasa”.

Es tremendamente feo, no le interesa tener familia, es muy borracho, pero me trata como a una princesa y tiene todo el dinero del mundo… es un “Para un rato” que combina la Caballerosidad con el Potencial Económico.

“Quiere tener familia y me encanta cómo es con sus papás, me trata muy bien, además ni toma, ni le gusta el futbol”; pero es feo como un perro y no tiene nada de dinero. Bienvenida a “Sí lo presento”. Caballeroso, Familiar, con Hobbies o Vicios controlados. Nada más, nada menos.

Mismo caso que el de arriba, pero tiene dinero: “¡Mi dedo es número 6! Ya sé que parece perro, pero me ladra tan lindo que se lo perdono”. Y se lo perdonarás toda la vida hasta que…

¡Además es un Adonis! ¿Pensaste que no existía? Tal vez. Puede sonar a que son unicornios. Si lo encuentras, cázalo porque son de edición limitada. Los hombres y mujeres envidiosos dirán: “Seguro ha de ser gay” o “Ha de tener algo pequeño”, -incluso un: “A mí no me gustan más bonitos que yo”… pero por dentro lo saben, en el juego de la vida te apareció un “Game Over. You Won!” y el resto de tus días te dedicarás a sumar puntos extras por el puro gusto de superar tu propio récord.


¿Ya te ubicaste? ¡A reventar relaciones se ha dicho!

viernes, 26 de septiembre de 2014

Que Dios bendiga a los pobres

Nada más que no los bendiga mucho, porque entonces, ¿quién va a hacer los trabajos que los demás no queremos?

jueves, 25 de septiembre de 2014

Miénteme, payaso

Más del 80% de las mujeres aceptan haber dicho una "mentira blanca" o inofensiva.

31% de la gente acepta haber mentido en sus currículos.

En un estudio realizado a 1,500 personas, 13% aceptó haberle mentido a su médico. El 30% de los casos manipuló la verdad al darle información personal; 40% mintió en cuanto al seguimiento que le dieron a su tratamiento médico y 30% mintió sobre su régimen alimenticio y sus rutinas de ejercicio.

Mucha gente e instituciones serias le ponen atención especial a este fenómeno a veces inexplicable, pero distintivamente humano: la mentira.

El 60% de la gente miente en promedio tres veces durante una conversación de 10 minutos.

Más o menos los hombres dicen seis mentiras diarias a su pareja, colaboradores y jefe; las mujeres sólo tres.

No estoy muy interesado en adivinar por qué mentimos ni aventurarme a juzgar las razones que cada quien tenga para hacerlo; lo que me interesa es aceptes que eres un mentiroso, que no te gusta ser descubierto y que aunque es algo normal, incluso natural; no necesariamente eres bueno.

¿Recuerdas a tu mamá, pareja, hermano o mejor amigo diciéndote: "sé cuándo me estás mintiendo" o "no sabes mentir"? Bueno, pues como un servicio público gratuito, te voy a dar cinco tips para decir mentiras y no morir en el intento:

1.       Cuida el lenguaje: los mentirosos tienden a utilizar las mismas palabras que el mentido:
- ¿Estuviste hablando con tu ex?
- No, no estuve hablando con mi ex.
El mentiroso también dice más palabras de las necesarias para intentar ser más convincente; evita decir una mentira directa y prefiere una aseveración con un significado implícito:
- ¿Acaso me viste hablando con mi ex?
Finalmente, el mentiroso evita los nombres:
- Yo hace mucho que no hablo con esa persona.
Da respuestas claras y concretas, usa el nombre de las personas, mantente breve y serás contundente.
2.       Utiliza todo tu cuerpo: Al mentir, inconscientemente queremos ocupar menos espacio, por lo que nuestros movimientos son rígidos y cortos; extiende tus movimientos de manera natural, adopta una posición cómoda, evita tocar tu nariz u orejas. Haz contacto visual, no lo evites; y si puedes, toca tu pecho con la mano abierta, porque alguien que miente, no se toca el corazón.
3.       Sé congruente con tus gestos y expresiones: No hagas pausas largas antes de responder con emoción, ni te mantengas emocionado mucho tiempo; tampoco te detengas abruptamente
- ¿Te gustó mi regalo?
-… … … ¿Cómo?... Pfff… ¡Obvio!... Oye, ¿vamos a ir a la comida de tu primo?
Que tu rostro y tus palabras coincidan, nada de cara de felicidad cuando digas que estás triste porque tu suegra está hospitalizada, ni cara de tristeza cuando digas que estás feliz porque no era grave. Cuida que las expresiones las hagas con toda la cara.
4.       No estés a la defensiva. Generalmente el mentiroso se defiende y el que tiene la verdad, ataca. Nos defendemos con argumentos, alejando nuestra cara o cuerpo, o poniendo un objeto entre los dos. Deja de hacerlo, cree en tu mentira y véndela, “no hay mejor defensa que el ataque”.
5.       Que tus microexpresiones u ojos no te delaten. Las microexpresiones son expresiones faciales involuntarias y momentáneas que tienen mucha carga emocional, si alguien es bueno entendiendo esto, te puede descubrir fácilmente. Los ojos son un arma de doble filo, así como mantener contacto visual te puede dar una ventaja, alguien que sepa leer los ojos te puede tirar el teatrito.
a.       Arriba a la izquierda - imaginación
b.      Arriba a la derecha - recuerdos
c.       Izquierda - imaginación auditiva
d.      Derecha - recuerdos auditivos
e.      Abajo a la izquierda - recuerdos quinestésicos
f.        Abajo a la derecha - diálogo interno
En resumen:
·         Cuida tu lenguaje
·         Utiliza todo tu cuerpo
·         Sé congruente
·         No estés a la defensiva
·         Que tus ojos y microexpresiones no te debaten

Compañero, lector y amigo, utiliza estos conocimientos para tu beneficio personal, para salirte con la tuya, para no dejarte engañar o, si no te gusta como sonó eso, reflexiona que en una mentira tienes que cuidar demasiadas cosas, pero que cuando dices la verdad, citando a Mark Twain, "no tienes que acordarte de nada".




Fuentes:
Susan Shapiro, “Little White Lies, Deep Dark Secrets”
Background Check Services
Newseek
ABC News
Divine Caroline
Museo de Ciencias del Reino Unido