lunes, 13 de octubre de 2014

Salvemos al mundo

 
Es el tiempo de salvar algo. O es la moda del tiempo de salvar algo.
Salven a las ballenas, las tortugas, los coyotes, los bosques, la selva, el aire. En un desplante de fuerza magnánima y consciencia natural, estamos en el momento de salvar todo. Salvar al planeta.
Incluso yo, desde hace unos años humildemente me afilié a Greenpeace para lavar mi culpa histórica de desprecio por todo lo que no sea hombre. Sí, estoy salvando al planeta.
Soy de ese selecto grupo de personas que pretenciosamente cree que por un donativo mensual está haciendo una diferencia en la Tierra.
 
¿Pero por qué pretencioso? Bueno, porque somos una especie tan arrogante que cree que en más o menos 200 años de vida industrial puede amenazar la supervivencia de un lugar que ha existido por los últimos cuatro mil millones de años. ¿Tienen idea de lo que le ha pasado a la Tierra en ese tiempo?
Meteoritos, terremotos, erupciones volcánicas, choques de placas tectónicas, deshielos, cambios de polaridad de los ejes, etcétera; y nosotros creemos que unas bolsas de plástico y unas latas van a terminar con ella. El planeta está bien, no tiene nada, nosotros somos los que estamos mal. Es un sistema que se autocorrige, elimina sus plagas y se adapta a los cambios que va sufriendo, reinventando paradigmas y creando nuevas reglas.
¡Salvemos al mundo, a los bosques, las selvas, los animales en peligro de extinción!… creemos que lo mejor que podemos hacer por los animales es intervenir para ayudarlos, ¡no nos debimos de haber metido la primera vez con ellos! ¿Por qué habríamos de podernos meter una segunda vez y resarcir el daño? Pero es nuestro orgullo el que nos dice que nosotros podemos ser salvadores y verdugos de nuestro entorno. Bueno, pues sorpresa, en un día se pueden perder hasta 25 especies. Nosotros no somos responsables de todas ellas, de hecho, no somos responsables de prácticamente ninguna, pero las queremos cuidar. El 90% de las especies que han existido, ya no están.
Queremos cuidar y proteger al planeta cuando no podemos cuidarnos ni a nosotros mismos, cuando no podemos protegernos de nuestra misma especie y queremos salvar al mundo.
El mundo se está cansando de mandarnos el mismo mensaje: “No necesito su ayuda”.
¿Creen que después de los terremotos en México, Chile o Japón la Tierra se sintió amenazada por el hombre? Los que se murieron fuimos nosotros; somos una plaga temporal, tan frágiles que incluso sin intervención de la naturaleza nos estamos destruyendo.
Basta con pensar en un virus para recordar que algo tan pequeño puede acabar con millones de vidas.
¿De verdad mi carro mal afinado hace más daño que un tsunami en la India?
No estoy dando permiso para tirar basura en la calle y que no nos importe, pero guardemos la debida dimensión de las cosas. Sí, somos un gran problema enfrentando a otro, pero en lugar de preocuparnos por salvar lo que no podemos salvar, deberíamos estar enfocados en arreglar lo que sí tiene arreglo, como nosotros mismos.
Comparado con nuestra especie, el planeta está muy bien.
Aprovechemos mejor este corto tiempo que estaremos aquí, no preocupándonos por cómo salvar –pongan su mano en su pecho– nuestro hogar, sino por cómo ya no romper nada más. Llevamos 200 años “destruyendo” un lugar que sólo necesitaría otros 200 años para borrar cualquier evidencia de que alguna vez fuimos una “amenaza”.

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