viernes, 9 de enero de 2015

Bondad

- ¿Qué ganas cuando haces algo bueno por alguien?
- Nada
- Mientes
- Si doy dinero, pierdo dinero; si doy mi tiempo, pierdo tiempo; si dono ropa, la pierdo; por supuesto que no gano nada
- ¿Por qué lo haces?
- Porque quiero regresar algo a la comunidad, yo que soy tan afortunado
- ¿Te disgusta hacerlo?
- ¡Al contrario! Me hace sentir muy bien, si no me gustara, no lo… oh… tal vez sí mentí…

Cada vez que tengo esta plática sucede lo mismo, líneas más, líneas menos.

¿Por qué siempre queremos aludir a algo más grande cuando ayudamos?

"Dar hasta que duela", decía la Madre Teresa. Hasta que duela, porque después ya no es divertido.

Asumiendo que soy clérigo y que de alguna manera eso me hace bueno, se me acercó un muchacho bienintencionado de UNICEF pidiéndome pagar una cuota mensual fija para ayudar a un niño a ser feliz. Le contesté que doy el 30% de mis ingresos para hacer a todos los niños del país felices, pero no le hizo gracia, aludió a mi bondad, a la compasión y al chantaje emocional del que él mismo fue víctima y me reí. "¿Quieres que pague un impuesto adicional a mi 30% por gusto?" -"No es un impuesto, es un donativo mensual fijo que vamos a retirar de una cuenta de banco que nos proporciones… voluntariamente…" -"Ya dono a Wikipedia, que es más útil que tu niño".

Hay dos maneras de ser bueno, siendo tonto o siendo listo. No voy a decir qué tipo de tonto era este muchacho, es decir, qué tipo de bueno, pero lo compadezco. Su mirada de odio mientras me alejaba riéndome de él por no querer donar parte de mis ingresos era pura.

No existe un acto desinteresado de bondad. Siempre esperas recibir algo a cambio, desde una foto de un niño desconocido con una carta escrita por un contador diciéndote lo maravilloso que eres, hasta una sonrisa anónima que te limpie por dentro y te haga pensar que no eres tan malo. Si no recibes algo a cambio, lo estás haciendo mal.

Recientemente fui objeto de un acto de bondad; aún no sé qué ganará o qué ganó quien lo hizo, pero lo agradezco. De consciencias y manos sucias están llenos los actos más gloriosos de caridad.

Hace mucho tiempo existió un hombre sabio que vio en un estanque a un escorpión ahogarse, lo intentó sacar una vez, pero el escorpión lo picó, haciendo que el sabio lo tirara de nuevo al agua; cuando vio que se volvía a ahogar, intentó sacarlo de nuevo, con el mismo resultado. Un joven viendo esto, le gritó al hombre que desistiera pues el escorpión volvería a picarlo. "La naturaleza del escorpión es picar, pero eso no cambiará mi naturaleza, que es ayudarlo". La tercera vez tomó una hoja de árbol y le salvó la vida… A las horas, el hombre sabio murió envenenado. Realmente no era muy sabio.



No implico que sólo los culpables busquen su redención con actos nobles; también creo que gente noble los realiza para mantener su estatus; sea por la gloria celestial o una palmada en la espalda, gracias, porque son el aceite que esta máquina oxidada de mundo que gira necesita para no detenerse y arder en llamas.

Siempre estará en mi naturaleza ayudar, no por la recompensa eterna que tanto se me promete, pero porque sé que un día voy a necesitar un favor y es útil tener una palanca.


Gracias, bondadoso benefactor. Ahora yo te debo.


miércoles, 24 de diciembre de 2014

Vino blanco en el Sol

Y por fin llegó la Navidad. Cree lo que quieras y en quien quieras, pero se respira un aire distinto; la gente es menos violenta y hay menos tránsito.

De todo lo que escucho de la época, me quedo con esto y lo comparto casi con alegría:

"Realmente me gusta la Navidad
Es sentimental, lo sé, pero realmente me gusta
Difícilmente me considero religioso
Prefiero partir pan con Dawkins que con Desmond Tutu, para ser honesto

Y sí, tengo las objeciones comunes
Al consumismo y comercialización de una religión antigua
A la occidentalización de un palestino muerto
Presionado para vender Playstations y refresco de cola
Pero realmente me gusta

Espero que ya sea Navidad
Aunque no estoy esperando la visita de Jesús

Veré a mi papá
A mi hermana, mi hermano, mi abuela y mamá
Estarán bebiendo vino blanco en el Sol

No creo en sabiduría antigua
No creo que porque las ideas son tenaces y viejas son valiosas
Me asustan las iglesias
Algunos de los himnos que cantan tienen acordes lindos, pero las letras dan miedo

Y sí, tengo las objeciones comunes
A la mala educación a niños que, en instituciones exentas de impuestos
Son enseñados a externar la culpa
A sentirse avergonzados y a juzgar las cosas sólo como buenas o malas
Pero me gustan las canciones

No estoy esperando grandes regalos
La vieja combinación de calcetines, calzones y chocolates está bien por mí

Porque veré a mi papá
A mi hermana, mi hermano, mi abuela y mamá
Estarán bebiendo vino blanco en el Sol

Y tú, mi hijo
Mi ajetreado pequeño hijo
Te pasarán de manos en manos por todo el cuarto
Como un cachorro en una guardería
Y tú no entenderás
Pero algún día sabrás
Que donde quiera que estés y como resultes ser
Ésta es la gente que te hará sentir seguro en el mundo
Mi pequeño de ojos grandes

Y pequeño hijo
Cuando tengas 21 o 31
Y se acerque Navidad
Y te encuentres a miles de kilómetros de casa
Sabrás que pase lo que pase

Tu hermano, tu mamá y yo
Te estaremos esperando en el Sol
Cuando sea que vengas
Tu hermano, tus tías, tus tíos
Tus abuelos, tus primos, tu mamá y yo
Te estaremos esperando en el Sol
Bebiendo vino blanco en el Sol
Cariño, cuando llegue Navidad
Te estaremos esperando en el Sol
Bebiendo vino blanco en el Sol
Esperando por ti en el Sol
Esperando por ti
Esperando…

Realmente me gusta la Navidad
Es sentimental, lo sé…"

-Tim Minchin


Más de mil visitas en lo poco que llevo como Papa Yaso II en este mundo, gracias.


martes, 9 de diciembre de 2014

La Curva de Hugo Sánchez -

Mi Papamóvil no circula los viernes.

El viernes pasado me subí a un taxi para ir al Monte y me encontré con uno de esos taxistas que les encanta recordar sus glorias pasadas; no pude decir más de dos palabras, así que me limité a escuchar de sus estudios, su vida profesional como contador en una instancia pública en donde ganaba bien y cómo después de varios recortes de personal, por fin le tocó su "licuado" y compró su taxi.

Mientras hablaba, yo no podía más que pensar en que él era Hugo Sánchez.

¿Que quién es Hugo Sánchez? Fácil: El mejor futbolista mexicano que ha existido. Alguien que estuvo en los mejores y en los peores equipos de futbol durante su ilustre carrera.

¿Los peores equipos? Aquí es justo donde su vida se vuelve una teoría:

Hugo empezó donde un gran jugador debe iniciar, en las fuerzas básicas de un equipo en el tercer mundo. En este caso, los Pumas de la UNAM.

No me voy a referir a sus logros, popularidad, personalidad, carisma, capacidad, etcétera. Hablaré de él como un profesional que presta sus servicios, como muchos de ustedes que necesitan trabajar para comer.

Hugo inició su trayectoria en un equipo modesto, en donde tenía un sueldo modesto acorde a su currículum, entonces modesto. Conforme su potencial fue desarrollándose, subió peldaños dentro del equipo hasta tener una posición de respeto y un sueldo igualmente respetable. Ahí fue en donde la curva despegó. Su precio, avalado por su aportación en la cancha dio un salto que alcanzó para que llegara a otro continente, uno mejor (futbolístico); su sueldo y currículum también dio un salto y ahora ningún equipo de su natal México podía cubrirlo. En España cambió de un equipo mediano a uno de los mejores del mundo; ahora no sólo en México era inasequible; era un producto premium al que sólo los más adinerados tendrían acceso y aún así, sólo se limitaron a desearlo.

Sus resultados lo hicieron un histórico para España, Europa y México, pero nada es para siempre y la edad comenzó a hacer estragos en sus resultados, regresándolo a equipos de menor monta en México hasta su feliz y millonario retiro.

La Curva de Hugo Sánchez, en menor medida, es la curva en la que todos se encuentran montados. Al principio de sus vidas profesionales son, básicamente, baratos e inexpertos; pero conforme avanzan, su carta se va haciendo más valiosa* hasta que quien los debutó no los puede retener. Poco a poco adquirirán más experiencia hasta que la ambición disminuya con la edad avanzada y la proximidad al retiro que ningún empleador querrá absorber los envíe de vuelta a casa, con los pies cansados y la experiencia de haber jugado al mejor nivel posible.

 
Todos estarán en esa curva y, tristemente, su ascenso depende totalmente de ustedes, ¿en qué parte de la curva creen que van?

Yo, mientras tanto, pagaré el refrendo de mi microondas.

*Aplican restricciones

 



miércoles, 12 de noviembre de 2014

El pez muerto


Margarita era una niña feliz que siempre había tenido relaciones sanas con sus novios. Esta vez no parecía ser diferente y mientras el noviazgo duró, todo sonaba normal.

Cuando llegó la ruptura, se dio cuenta de que algo en ella había cambiado.

Margarita tenía un pez. Ella estaba acostumbrada a darle de comer y cambiar su agua con regularidad con la esperanza de que viviera muchos años.

Un buen día, el pez murió, pero Margarita le siguió dando de comer y cambiando su agua. A la distancia parecería que las cosas continúan igual; de lejos el pez no huele a muerto.

De cerca, la historia es diferente, todos le hacen la misma pregunta: “¿Por qué no te deshaces de él?”

La respuesta no es sencilla. Ella no quiere [de ninguna manera] que su pez reviva, pero tampoco le gusta la idea de ver su pecera vacía.

Llevaba tantos años llena de agua y vida que teme que al vaciarla se dé cuenta de la gran cantidad de mantenimiento que demandará dejarla lista para un nuevo pez.

El problema no es mantener al pez muerto ahí dentro, el problema real es que el pez por fuerza de recibir atención y “cariño” decida revivir.

El espíritu del pez de Margarita, mientras continúe viendo los cuidados que recibe después de muerto, asumirá que ella lo extraña tanto que lo quiere de regreso.

¡Qué desafortunada sería la vida de Margarita si su pez resucitara! El pez debe permanecer muerto, pero el riesgo de verlo nadar de nuevo es muy alto.

Por otro lado, no es lo único que puede pasar, ni lo más grave: Un día el pez muerto sencillamente se irá para siempre.

Al irse romperá la pecera. Pobrecita, para recibir un nuevo pez deberá arreglarla; eso implica un esfuerzo mayor que sólo limpiarla.

Margarita es alguien normal que tiene miedo de ver una pecera vacía.

No sabe que los otros peces no quieren vivir junto a un muerto.

¿Cuánto tiempo pasará, querida amiga, para que des ese jalón a la palanca y mandes tu pasado por el turbulento río al que pertenece?


¡Vacía ya esa pecera y prepárate para recibir una nueva vida en ella! Sólo así recordarás lo que se siente amar de nuevo.