Margarita era una niña feliz que
siempre había tenido relaciones sanas con sus novios. Esta vez no parecía ser
diferente y mientras el noviazgo duró, todo sonaba normal.
Cuando llegó la ruptura, se dio
cuenta de que algo en ella había cambiado.
Margarita tenía un pez. Ella
estaba acostumbrada a darle de comer y cambiar su agua con regularidad con la
esperanza de que viviera muchos años.
Un buen día, el pez murió, pero
Margarita le siguió dando de comer y cambiando su agua. A la distancia
parecería que las cosas continúan igual; de lejos el pez no huele a muerto.
De cerca, la historia es
diferente, todos le hacen la misma pregunta: “¿Por qué no te deshaces de él?”
La respuesta no es sencilla. Ella
no quiere [de ninguna manera] que su pez reviva, pero tampoco le gusta la idea
de ver su pecera vacía.
Llevaba tantos años llena de agua
y vida que teme que al vaciarla se dé cuenta de la gran cantidad de
mantenimiento que demandará dejarla lista para un nuevo pez.
El problema no es mantener al pez
muerto ahí dentro, el problema real es que el pez por fuerza de recibir
atención y “cariño” decida revivir.
El espíritu del pez de Margarita,
mientras continúe viendo los cuidados que recibe después de muerto, asumirá que
ella lo extraña tanto que lo quiere de regreso.
¡Qué desafortunada sería la vida
de Margarita si su pez resucitara! El pez debe permanecer muerto, pero el
riesgo de verlo nadar de nuevo es muy alto.
Por otro lado, no es lo único que
puede pasar, ni lo más grave: Un día el pez muerto sencillamente se irá para
siempre.
Al irse romperá la pecera.
Pobrecita, para recibir un nuevo pez deberá arreglarla; eso implica un esfuerzo
mayor que sólo limpiarla.
Margarita es alguien normal que
tiene miedo de ver una pecera vacía.
No sabe que los otros peces no
quieren vivir junto a un muerto.
¿Cuánto tiempo pasará, querida
amiga, para que des ese jalón a la palanca y mandes tu pasado por el turbulento
río al que pertenece?
¡Vacía ya esa pecera y prepárate
para recibir una nueva vida en ella! Sólo así recordarás lo que se siente amar
de nuevo.

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