Mi Papamóvil no circula los viernes.
El viernes pasado me subí a un taxi para ir
al Monte y me encontré con uno de esos taxistas que les encanta recordar sus
glorias pasadas; no pude decir más de dos palabras, así que me limité a
escuchar de sus estudios, su vida profesional como contador en una instancia
pública en donde ganaba bien y cómo después de varios recortes de personal, por
fin le tocó su "licuado" y compró su taxi.
Mientras hablaba, yo no podía más que
pensar en que él era Hugo Sánchez.
¿Que quién es Hugo Sánchez? Fácil: El mejor
futbolista mexicano que ha existido. Alguien que estuvo en los mejores y en los
peores equipos de futbol durante su ilustre carrera.
¿Los peores equipos? Aquí es justo donde su
vida se vuelve una teoría:
Hugo empezó donde un gran jugador debe
iniciar, en las fuerzas básicas de un equipo en el tercer mundo. En este caso,
los Pumas de la UNAM.
No me voy a referir a sus logros,
popularidad, personalidad, carisma, capacidad, etcétera. Hablaré de él como un
profesional que presta sus servicios, como muchos de ustedes que necesitan
trabajar para comer.
Hugo inició su trayectoria en un equipo
modesto, en donde tenía un sueldo modesto acorde a su currículum, entonces
modesto. Conforme su potencial fue desarrollándose, subió peldaños dentro del
equipo hasta tener una posición de respeto y un sueldo igualmente respetable.
Ahí fue en donde la curva despegó. Su precio, avalado por su aportación en la cancha
dio un salto que alcanzó para que llegara a otro continente, uno mejor
(futbolístico); su sueldo y currículum también dio un salto y ahora ningún
equipo de su natal México podía cubrirlo. En España cambió de un equipo mediano
a uno de los mejores del mundo; ahora no sólo en México era inasequible; era un
producto premium al que sólo los más adinerados tendrían acceso y aún
así, sólo se limitaron a desearlo.
Sus resultados lo hicieron un histórico
para España, Europa y México, pero nada es para siempre y la edad comenzó a
hacer estragos en sus resultados, regresándolo a equipos de menor monta en
México hasta su feliz y millonario retiro.
La Curva de Hugo Sánchez, en menor medida,
es la curva en la que todos se encuentran montados. Al principio de sus vidas
profesionales son, básicamente, baratos e inexpertos; pero conforme avanzan, su
carta se va haciendo más valiosa* hasta que quien los debutó no los puede
retener. Poco a poco adquirirán más experiencia hasta que la ambición disminuya
con la edad avanzada y la proximidad al retiro que ningún empleador querrá
absorber los envíe de vuelta a casa, con los pies cansados y la experiencia de
haber jugado al mejor nivel posible.
Todos estarán en esa curva y, tristemente,
su ascenso depende totalmente de ustedes, ¿en qué parte de la curva creen que
van?
Yo, mientras tanto, pagaré el refrendo de
mi microondas.

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