Y llegó el día en que un buen Papa dejó los Franciscos, Píos y Juan Pablos para volverse honesto consigo mismo honrando su vapuleada profesión. Decidió ser un payaso, que con sus creencias arrancaría sonrisas y no monedas... sólo sonrisas, tal vez algunas monedas.
Papa Yaso II nació y con su amor por lo sencillo, lo alegre y su Roma -el equipo- la ciudad no la conoce.
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