No me malinterpreten, odio a la
[mayoría de la] gente, pero me encanta el cinismo con el que los mexicanos
coexistimos. No hay falsa amabilidad ni necesidad de ocultar intenciones; si alguien
quiere pasar, va a agachar la cabeza, se te va a meter y va a seguirse de
frente; si le reclamas, te va a mentar la madre porque te lo mereces por
víctima.
Sin entrar en análisis
etimológico, un naco es una persona pobremente educada en civilidad. Palabras
más, palabras menos. No es una mala persona, es un ignorante. Dentro de su retraso
social, tiene la percepción de que él es más importante que los demás; que las
leyes y reglas son sugerencias que se deben seguir sólo si te está viendo
alguien con mayor autoridad (a veces) o si eres un imbécil. Cree que al estar su
prioridad sobre la tuya, tus derechos se subordinan a los suyos. No es una mala
persona, es un naco. Él sabe que es una buena persona porque ama a Dios y a su
virgencita, pero tú, te chingas.
Sin resentimientos; me gusta.
Prefiero a alguien que abiertamente prefiere chocarme en vez de dejarme pasar con mi carita de idiota y mi
direccional, que al que sea amable por coerción.
Quisiera ser un naco monumental.
Desearía escupir en la calle, pasarme un alto echándole el carro al peatón y
ser el peatón que camina debajo de un puente; quisiera ponerle chip a mi Xbox
para jugar pirata; instalar 16 bocinas en mi carro más un cajón de triplay con
más bocinas en la cajuela; usar zapatos de futbol con mezclilla; quisiera saber
cuando es o no es bachata; poderle decir viejas a las chavas, putos a mis
amigos, ¡quisiera poder decir “vale verga” en público! Todo sin sentir que algo
dentro de mí se golpea la cabeza en la pared.
Siempre me he sentido contento por ser mexicano;
la raza de bronce con una estampa de Apple.
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